¿Basado o inspirado en hechos reales?
Retomando nuestra charla sobre el pacto entre el autor y el lector, hoy hacemos una parada obligatoria para diferenciar dos conceptos que a menudo se confunden: las novelas basadas y las inspiradas en hechos reales.
Cuando una novela está basada en hechos reales, el escritor asume un compromiso inquebrantable con la historia: debe respetar el quién, el qué, el cuándo, el cómo y el dónde. Este acontecimiento histórico es el lienzo sobre el que se pinta la trama; un lienzo que no se puede alterar. Lo que sí permite es crear personajes, situaciones y diálogos que podrían haber ocurrido en ese entorno.
Por ejemplo, el lienzo de La catedral del mar de Ildefonso Falcones es la construcción del templo de Santa María del Mar, enclavado en la rigurosa Barcelona del siglo XIV. ¿Qué inventó el autor? La trama y sus protagonistas. Los romances, venganzas y triunfos de Arnau Estanyol son pura ficción.
En cambio, cuando una obra está inspirada en hechos reales, la ficción toma las riendas y la libertad creativa es casi absoluta. Un suceso histórico, una anécdota o una simple noticia sirven como detonante. A partir de ahí, el autor puede cambiar nombres, mover ciudades o alterar épocas a su antojo.
El mejor ejemplo es La casa de los espíritus de Isabel Allende. Estando exiliada en Caracas, la autora recibió una llamada avisándole de que su abuelo agonizaba en Chile. A modo de despedida, comenzó a escribirle una carta que acabaría convirtiéndose en su primera novela. Tomó sus propios recuerdos y el contexto histórico de su país como semilla para crear el universo mágico de la ficticia familia Trueba.
Y tú, ¿qué prefieres? ¿El rigor histórico de una obra basada en la realidad o la libertad mágica de una historia inspirada en ella?
Imagen realizada con IA.
