Según la última edición de 2014 del Diccionario de la lengua española de la RAE, existen 93 111 lemas (palabras principales cuyas variantes forman otras; por ejemplo, gato y sus variantes: gata, gatos, gatas) y 195 439 acepciones (un gato puede ser un animal o una herramienta). Lemas y acepciones suman más de un cuarto de millón (288 550 palabras), y no están incluidos los regionalismos ni los términos técnicos, con los que podríamos alcanzar más de medio millón de palabras.

Utilizamos un promedio de 1250 palabras para comunicarnos, sea conversando o escribiendo mensajes, y alcanzamos entre 10 000 y 15 000 empleando un lenguaje más formal si nos desempeñamos en entornos técnicos.

¿Y cuántas palabras conocemos realmente que no sean de uso cotidiano? Unas 30 000; y si acostumbramos a leer, sea prensa o libros, se alcanzan entre 35 000 y 40 000. ¿Cuándo? Depende del ritmo lector además de la edad. Basándose en pruebas psicolingüísticas realizadas en la Universidad de Nebrija, a los 25 años se reconoce de media el 54 % de las palabras, mientras que a los 75 años se alcanza el 74 %. Con las tecnologías actuales, hallar el significado de una palabra nunca vista es tan sencillo como teclear en nuestro móvil tres letras: «RAE», en lugar de recitar el abecedario para ubicarnos en un diccionario impreso en papel. Así de fácil lo tenemos para saludar a esa palabra desconocida.

¿Y te preguntarás dónde está la magia de las palabras? Tenemos 288 550 vocablos para crear desde una frase minimalista hasta una novela de casi mil páginas. No es necesario conocerlos todos si te place escribir. La magia está en cómo utilizar ese porcentaje alcanzado (sea por estudios o por edad) para contar una mentira que parezca verdad; que esa verdad se sienta real, tan real que al leerla estremezca, asuste o anime a sonreír y reír.