¿Sabe el lector de obras de ficción que está siendo engañado? Por supuesto que sí, y además, lo desea. Existe un acuerdo tácito entre el autor y el lector de una novela: este último sabe que lo que va a leer no es real, pero decide creerlo mientras dure la lectura para experimentar emociones auténticas. Todo se basa en un concepto fundamental: la verosimilitud, es decir, que la historia parezca cierta dentro de las reglas de su propio universo.
Ocurre lo mismo cuando decidimos ver una película de Batman. Nos sumergimos en Ciudad Gótica y conocemos a los villanos que quieren adueñarse de ella. Vemos a Batman operar desde la Baticueva y conducir un supervehículo: el Batimóvil. Nos emocionamos al perseguir a los malvados junto a él, nos angustiamos cuando yace en el suelo casi sin vida, y nos alegramos cuando vence y la ciudad rinde honores al héroe.
La verosimilitud no permite, por ejemplo, vacas con alas en una novela realista sobre la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, ese mismo elemento será totalmente creíble en una obra de ciencia ficción ambientada en un laboratorio de manipulación genética. Al final, todo radica en cómo se construye la historia para que el lector, sin darse cuenta, firme ese pacto en la primera página y no lo rompa hasta el punto final.
(Imagen creada con IA).
